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EL HOMBRE DEL PARQUE

Despacio, día tras día,
caminábamos juntos sin sospechar apenas
Que el amor que había en él nos iba dando
un lugar para siempre.

Sentados junto al fuego,
respirando del aire de las llamas
Su corazón de niño y lo sagrado
Que avivaba en sus pliegues su corazón de hombre
Inventaban el mundo.

Aquí, en este espacio, hemos estado todos.
Pero el agua que fluye es sólo suya.

Basilio Sánchez