PACÍFICO

Debajo de los bosques resinosos,
del murmullo del agua, de los nidos
que el álamo atesora entre sus ramas,
debajo del silencio
que con la noche cerca sus dominios,
debajo de la flor y la memoria
que la flor misma tiene de sí misma,
de su aroma, debajo
de la fulguración de las luciérnagas,
del cúbil de las fieras, de las pámpanas
con que la vid se viste;
del canto de las aves, de los troncos
donde habita la mantis religiosa
y el negro escarabajo...

D
ebajo de cuanto desvela vida,
vida recién hallada, en cualquier parte,
surgida de la tierra, desprovista
de la mano del réprobo y su incuria,
reviste la figura de Pacífico:
aquel pequeño dios venido a hombre,
aquel árbol humano
generoso de fruto, amante, en pie.

José Díez

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