pacífico
semblanza biográfica | textos

Después de desandar los angostos senderos de la adolescencia para reconocerme en aquel muchacho que alguna vez fui, para reencontrarme en la zozobrante aventura de la juventud conquistada, fuente de aquellos ríos raudos de la azarosa infancia y sus calientes aromas, en el espejo de las aguas níveas rezumando albricias y dolores, en el limpio cielo de las tardes ebrias al sol y soledades compartidas, en el horizonte inopinado de tantos nuevos días que iban a fecundar el alma de conocimientos y pasiones... Después de desandar, en cada hito y rito del regreso, estabas siempre tú: indómito y cercano, nervioso y sereno, feraz y sencillo, facundo y silente, colérico y eufórico, insurgente y santo, beligerante y pacífico. Siempre tú para mostrarnos el camino, para enseñarnos a revivir la historia cotidiana como si fuera una oportunidad no vivida, para mostrarnos y demostrarnos con tu ejemplo que la verdad de nuestras convicciones, aun las más profundas, debían soslayarse frente a la única verdad posible, la del amor, capaz de renunciar a todo por el único bien de la alegría que sólo puede poseerse cuando uno se ha engolfado contra el ansioso mar de la tristeza.

 

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